Enrique Morón

18 Ago 2003

DON ANTONIO MACHADO PASEA

POR LAS MURALLAS VIEJAS DE BAEZA

Misterioso y silencioso,
por las murallas viejas de Baeza
camina don Antonio
Machado, a solas con su sombra
y con su pena. Don Antonio
mira los viejos campos
de oscuro gris. Es una tarde
cárdena y violeta. Recordando
a Leonor, allá en las altas
tierras
por donde traza el Duero
su curva su ballesta.
Misterioso y pensativo
pasea
con una honda tristeza,
mirando los olivos
como una mar esbelta que se extiende
por las campiñas frías
donde Jaén castellanea.
Caminando
por las murallas viejas
de la tarde otoñal
y pardas sementeras. Don Antonio
se sumerge en sus sueños
sutiles. La campana
de algún convento
se deshoja y lamenta
el fluir de la vida hacia la mar.
El hastío del tiempo
se dibuja
en sus grandes ojeras.
El humo del cigarro
se eleva
por la brisa incorpórea
de marchitas esencias.
Don Antonio Machado
de atardecida, vuelve
a sus nostalgias viejas.
Su torpe aliño
indumentario
le da prestancia a Baeza.
Oscurece. Los ecos
de la campana suenan.
Su pena es grande. ¡Soledad!
Y las calles de piedra.

(Florilegium. Cuadernos Literarios de Salobreña. 2003)