Documentos históricos

DOCUMENTOS HISTÓRICOS PARA LA BAEZA DEL NOVECIENTOS

Demos gracias a nuestros antepasados que percibieron que la conservación de los documentos nos llevaría a estudiarlos y poder conocer realmente nuestra historia local; sobre todo la labor de los secretarios del Ayuntamiento de Baeza, como fue Cózar Martínez a finales del siglo XIX, que la trabajó y la escribió, y López Datt a principios del XX, que nos dejó constancia de su buen hacer, puesto que ellos eran los archiveros hasta que la plaza se ocupó por profesionales especializados. Primeramente el Archivo Histórico de Baeza lo custodiaron los franciscanos en el Monasterio que tuvieron en el solar de san León, lo que hoy es Capilla de san Juan Evangelista, perteneciente a la Universidad; posteriormente fue guardado en un armario de madera tallada del siglo XVI, denominado de las “tres llaves”, que estaba en las Casas Consistoriales Altas, donde eran muy protegidos los Privilegios de la ciudad y los Padrones de hijosdalgos. En la década de 1960 se construye una Casa de Cultura en la Acera de la Trinidad y allí se instalan el Archivo Histórico Municipal y el de Protocolos Notariales. Actualmente estos Archivos están afincados en el antiguo Hospital de san Antonio Abad, a los que se sumó el Archivo Judicial.

La decadencia que veníamos sufriendo desde la pérdida de la amplia jurisdicción baezana y más tarde, durante todo el siglo XIX, primero con la entrada de los franceses, seguido de la desamortización y posterior exclaustración, que ocasionó el abandono de tantos edificios religiosos, acompañado del desamparo de la ciudad de muchas familias nobles, y la dedicación paulatinamente al monocultivo del olivar, dejaron convertida a Baeza en una ciudad dependiente del agro con lo que esto conlleva de inestabilidad. Así llegamos al siglo XX donde continúa este estado de desamparo, que con los episodios acaecidos en la primera mitad de siglo, no la hicieron remontar hasta los años sesenta del mismo.

La producción documental sufre igualmente estos acontecimientos, pues al disminuir la actividad en la localidad serán menos las actuaciones municipales. Seguirán la elaboración de diplomas producidos por el Ayuntamiento, por las Notarías y por el Juzgado, y naturalmente por los archivos parroquiales y los centros de enseñanza.

Respecto al Archivo Municipal se seguirán elaborando las Actas de Cabildo, una documentación que venimos conservando desde el siglo XVI, que reflejan el devenir histórico de la ciudad. Sin duda es la mejor colección de estos años machadianos (nunca comparable a la colección diplomática, de unos ochocientos documentos, con bastantes pergaminos medievales que aún custodiamos desde 1231 ‒fecha del documento más antiguo de Andalucía‒ hasta el siglo XVI), sin embargo estos Cabildos están bien recogidos, encuadernados en cuero la mayoría y es la serie más mimada por los munícipes. No olvidemos que en ella se anotan los acuerdos plenarios de la Corporación Municipal y por lo tanto reflejan la vida de la ciudad día a día, paso a paso, aunque sin olvidar que el punto de vista será subjetivo en función del gobernante de cada etapa. En ellas conoceremos a los representantes locales, aquellos que fueron contemporáneos de la estancia de Antonio Machado y las determinaciones que toman, que podrían ser comentadas por él, sin duda, en alguna tertulia de rebotica.

Es muy importante la declaración de Monumento Nacional otorgada al Ayuntamiento. En 1916 se inicia el expediente y el 31 de agosto de 1917 es declarado la fachada, el zaguán, la escalera y el armario tallado como tal. En estos años se está construyendo sobre el tejado de este edificio una espadaña para albergar un reloj, que quedó sin efecto por la desproporción de la misma (lo podemos ver en las fotografías de las Exposiciones preparadas para este acontecimiento).

En esta época del siglo XX se incluyen en las Actas la Correspondencia Oficial que en otras etapas ha formado una serie aparte desde el siglo XVII al XIX, puesto que Baeza era ciudad realenga y las comunicaciones venían directamente de la corona.

Otra colección importante y variada, lógicamente, son los Expedientes; ellos siguen su cauce con temas tan variados como: permisos, comunicaciones, datos de la policía urbana, repatriados de guerra, música, mayores contribuyentes, abasto de cereales y aceite, o sobre la vecina ciudad de Begíjar; sobre plagas del campo, determinas obras o subvenciones por temporales y a la sociedad obrera “El Pensar”; sobre industrias y red telefónica, unos muy interesantes y oportunos sobre el homenaje a Cervantes en el aniversario de su muerte o sobre el proyecto de un grupo escolar, etc. que podemos conocer en las Exposiciones preparadas tanto en el Ayuntamiento como en la Casa de la Cultura en su Archivo Histórico Municipal y más específicamente en el folletoelaborado para tal acontecimiento por la historiadora Catalina García Martínez.

Son muy interesantes los expedientes que conservamos de estas fechas sobre los médicos, como Eliseo Fernández Cobo y farmacéuticos, como Adolfo Almazán Anillo, y en los que se especifican el catálogo de los medicamentos que utilizaban en aquellos momentos. Así como los componentes de la Junta de Sanidad o curiosamente un brote de viruela en 1914.

Los Padrones son un vehículo fundamental para conocer la población, pero… eran perecederos; ante la necesidad de venta de papel se utilizaban los empadronamientos de años anteriores, que se consideraban nulos porque perdían vigencia y podían reutilizarse al existir el nuevo censo. Los secretarios conservaron algunos, pero no existe desgraciadamente ninguno de estos siete años en los que el profesor vivió en Baeza. Sí podemos encontrar en otros años cercanos reflejados lugares que él frecuentó como el Hotel Comercio, el Café La Perla, la Farmacia de su amigo Almazán en la calle san Francisco, 15, etcétera. Así como los Casinos, que en el Censo de 1920 aparecen dos, uno en san Pablo, 20 (en el que aparece Machado, en 1914, como socio transeúnte) y otro en Poblaciones, 3, (la actual calle Concepción) el denominado de Artesanos. Conservamos una Junta Municipal del Censo de 1917 donde aparecen los señores contemporáneos de Machado, reflejados en la Exposiciones aludidas.

El Pósito era una institución de carácter municipal destinada a mantener acopio de granos y suministrarlos a los vecinos más necesitados en momentos de carestía; realizaban préstamos a los agricultores a un tipo de interés bajo. En esta colección localizamos, en las fechas que nos ocupan, actas, informes, escrituras, repartimientos, subastas, etc., puesto que era propietario de tierras y casas. Estaba ubicado en la Barbacana, entre la torre de los Aliatares y la iglesia de san Juan Evangelista, antes perteneciente al Instituto “Santísima Trinidad”. Existió el Pósito Nuevo y el Pósito Viejo, éste quedó destrozado por unas obras de rehabilitación en los años 90; lo formaban una serie de zonas abovedadas en la planta baja, para aislar de la humedad y los insectos al piso superior que servía de troje, donde se almacenaban los granos. Este Pósito, que fue Real, estaba unido a la Alhóndiga a través de un pasadizo, ésta era la casa de contratación y venta de mercancías y durante muchos años sirvió de Posada de la que también se conservan manuscritos.

Existían Industrias bien documentadas que no podían serle ajenas, como la Imprenta Alhambra, las sastrerías, sombrererías, zapaterías, barberías u otros comercios de comestibles o tejidos. Además de la infinidad de molinos aceiteros que producían en la ciudad ese olor tan propio de nuestra tierra o, por ejemplo, una alfarería registrada en la cuesta de san Gil, así como vecinos directos en la calle Gaspar Becerra que eran jornaleros, escribientes, un quinquillero, un carpintero y un oficial de platería. Sin duda conoció el Teatro Liceo, ubicado en la Plaza de san Francisco, en lo que fue crucero de la iglesia de los franciscanos y el Teatro Primitivo en la calle Corvera y las veladas de ambos.

El Urbanismo se ve afectado por la gran crisis que sufre el país y, por consecuencia, la ciudad. Existe una serie de construcciones llevadas a cabo por iniciativa privada sobre todo en lo concerniente a las viviendas familiares reformando el aspecto exterior de muchas fachadas. En los últimos años del siglo XIX se construyen dos edificios relevantes por Antonio Acuña Solís: la Plaza de Toros y el Mercado de Abastos. La primera será inaugurada en 1892 y el Mercado el 30 de junio de 1896 puesto que el dueño realiza un acuerdo con el Ayuntamiento para él explotarlo durante cuarenta años y pasado este tiempo que sea de propiedad municipal. Así ocurrió, y desde 1936 es patrimonio de Baeza. Este edificio tuvo una reforma interesante, en 1945, cuando se utilizaron restos del extinguido Convento de la Victoria en su entrada: son los arcos de piedra y las ventanitas laterales, elementos constructivos del siglo XVI. En el siglo XX encontramos un edificio muy significativo sobre todo en su patio. Se habla reiteradamente que lo construye el Conde de Mejorada del Campo, hermano del conde de Romanones (sabemos por un Acta de 1893 que el Conde da un donativo para el arreglo de la torre de la Catedral y el Ayuntamiento pide que le den su nombre a la calle santo Domingo). Ese era el solar primitivo, pero tenemos documentada a la familia Robles ocupando ese edificio en los siglos XIX y XX, que es, a principios de este siglo, cuando se construye; lo realizan para la puesta de largo de su hija Ana Rita Robles Astudillo. En 1917 se cierra la calle Angosta Compañía, muy cerca del Instituto, y se adquieren una serie de predios en esta zona.

En 1910 el Gobierno del que era Ministro Julio Burell, diputado, además, por Baeza, creó la Escuela de Artes e Industrias (en 1916 es nombrado miembro de número de la Real Academia Española, y el Ayuntamiento le felicita por ello, nominación de la que debió enterarse, lógicamente, nuestro poeta). El Ayuntamiento cede el edificio del Carmen (el solar donde san Juan de la Cruz fundó el Colegio-Convento carmelitano de san Basilio), para instalar allí la Escuela de Artes y Oficios que aún perdura.

Igualmente debió conocer que la calle en que vivió llamada de la Cárcel, en 1915 toma el nombre de Gaspar Becerra por acuerdo plenario, en homenaje al gran escultor y pintor baezano.

Las numerosas instituciones religiosas ‒catedral, parroquias, iglesias, conventos y ermitas‒ son lugares ante los que paseaba en sus recorridos por la ciudad. Sin duda conoció todos los templos de esta población tan espiritual, los cuales están sobradamente documentados.

Pudo conocer unas casas pertenecientes a los Ballesteros de Santiago e incluso ver, en nuestro Archivo, la preciosa documentación que conservamos de esta Compañía con magníficos miniados; y, cómo no, nuestro Fuero, las leyes que Fernando III da a Baeza, ese magnífico ejemplar del siglo XIV, de cien páginas en pergamino, encuadernado en madera de nogal.

La Hacienda municipal refleja su estado de cuentas con los libros de Ingresos y Gastos y con Inventarios del Patrimonio, que en esta fecha son bastantes.

Custodiamos, asimismo en el Archivo Histórico, una relación de Propios del Ayuntamiento desde 1520, que nos dan a conocer el Patrimonio Municipal y las transformaciones que sufrió en los años de la estancia en la ciudad del poeta.

La Notaría ha sido la que nos ha proporcionado la más voluminosa colección de todo el Archivo, son unos 1500 ejemplares con alrededor de 500 hojas cada uno. Además es muy rica por su contenido. En ella se efectúan los testamentos, poderes, compras, ventas y todos los actos que requieran la presencia de un notario para dar fe de ellos. La mayoría de estos Protocolos Notariales son baezanos, pero se conservan también los de Ibros, Jabalquinto y Begíjar. Machado visitaba la Notaría, pues uno de los notarios era su amigo Pedro Gutiérrez Peña y los otros eran Justo Gómez Méndez y Fernando López Obregón.

Una serie muy curiosa es la referente a los Niños Expósitos, institución de acogida a los menores abandonados, precisamente en el edificio que hoy es Casa de la Cultura donde está ubicado el Archivo Histórico y la Biblioteca Pública, que nació para Hospital de san Antonio Abad, para curar a enfermos de ergotismo, producido por el cornezuelo de centeno, y tras su desaparición fue utilizado por el Ayuntamiento para albergar a estos niños, que por la documentación estudiada había de todas las clases sociales, pues lo mismo llegaban al torno (que aún perdura cegado) vestidos con “harapos” o con ropas de lino y encajes. Los primeros nos demuestran una pobreza que les obliga a abandonar sus hijos recién nacidos, y los segundos, probablemente, a tapar las vergüenzas de algunos.

La festividad de los Toros ha estado muy presente en la vida de esta ciudad y se conserva alguna documentación de esta época que estamos tratando. Machado debió conocer que en la feria, que entonces se celebraba en mayo, venían toreros de la talla de Gallito y Belmonte en 1914 o de Joselito en 1917, y que en 1918 la ganadería fue de Miura, cuyos beneficios iban a parar al Hospital de la Purísima Concepción.

La Beneficencia Municipal actúa a través de este gran Hospital de la Concepción, una institución hospitalaria que fue crucial en Andalucía siendo el centro neurálgico de la misma. En él se recogieron los demás Hospitales extinguidos, como el de san Antón, el Recogimiento de santa Ana, más Obras Pías y Patronatos. Estaba ubicado en la calle Poblaciones o Concepción, paso forzoso de Machado al ir al Casino de Artesanos; a principios del siglo XX es trasladado a otro nuevo edificio junto a san Ignacio, el que fue Seminario de los jesuitas.

El Cuartel de san Andrés produjo una documentación importante cuando se permuta con el Cuartel de Sementales y ello da lugar a planos y fotografías donde también vemos la iglesia de san Juan Bautista, aneja a él, y su estado en estos años con su puerta gótica, el ábside y la románica que después se trasladó a santa Cruz. El Cuartel de Sementales en la calle Compañía, era lugar muy transitado por el profesor camino del Instituto.

La Universidad de Baeza nos dejó una gran reliquia en el Colegio de Segunda Enseñanza y es interesante conocer el Reglamento que se realizó en 1903 y continuaría vigente estos años. Será en 1968 cuando comience una Reivindicación universitaria con final feliz, como hoy podemos apreciar. Justo cuando Machado llega a Baeza se adquiere la Casa de Capellanes y parte del edificio de san Juan Evangelista donde él impartió sus conocimientos en el aula que está en el esbelto patio renacentista, junto al Salón de Actos.

Y naturalmente no sería ajeno a todos los centros de enseñanza y la evolución que sufren y de los que se conservan en el Archivo Histórico una buena documentación que igualmente será expuesta.

Existe una pequeña serie referente al Registro Civil donde encontramos, por ejemplo, el nacimiento del gran poeta José Jurado de la Parra (1856- 1943), que fue contemporáneo suyo.

El Cementerio se construyó en 1906 según lo atestiguan las Actas de Cabildo y los planos de esta época y surge en estos momentos el traslado desde el antiguo cementerio de san Ignacio a este de nueva construcción. En su estado de melancolía y de recuerdo hacia Leonor su tristeza, si lo visitó, debió ser muy honda.

Machado debió contemplar desde los balcones del Instituto el Asilo de Ancianos “San José” ubicado en lo que hoy es Colegio Filipense, así como conocer perfectamente el Palacio de Jabalquinto donde estaba establecido el Seminario Conciliar de san Felipe Neri por su cercanía al Instituto.

Asimismo pudo tener contacto o conocimiento de Patrocinio de Biedma (1848-1927) por ser directora propietaria de dos semanarios y escritora. Igualmente pudo conocer a Juan García de Lara, gran pintor y profesor de la Escuela de Artes y a Francisco Baras, fotógrafo.

A todo ello debemos añadir la documentación referente a las Ordenanzas fiscales para reglamentar la vida ciudadana, que poseemos desde 1536, las cuales fueron otorgadas por Carlos I.

Siempre en la documentación baezana aparecen los alrededores de la ciudad, como el Encinarejo que fue un lugar de paso, así como la zona de Clavijo, hacia la vecina Úbeda. También era muy típico el tranvía, que iba a la Estación de ferrocarril y a la Yedra hasta su Santuario pasando por la Fuente del Peral; está documentada en estos momentos, no sólo la Estación de Ferrocarril de Linares-Baeza, a la que el profesor llegó, sino también la de Garciez-Jimena; conocería parajes tan nuestros como el Puente del Obispo y Gil de Olid, al pasar hacia Jaén, o las haciendas de Jarafe y La Laguna con ese sabor tan especial que encierra.

Además de pasearse por nuestras “murallas viejas” y presenciar el Aznaitín con su montera, pudo alargar el paseo por las Montalvas y conocer la fuente de la Virgen de la Salud y las innumerables huertas, los “cortijos blancos” y los inmensos olivares, “viejos olivos sedientos” de nuestra querida Baeza.

Una ciudad seria, poco folklórica, más manchega que andaluza, con una profusión de monumentos y de documentos que sin duda calaron en el alma de Antonio Machado Ruiz.

Josefa-Inés Montoro de Viedma

Archivera-Bibliotecaria Municipal